MONTEVERDI: Bálsamo musical para el alma.

MONTEVERDI: Bálsamo musical para el alma.

MONTEVERDI: BALSAMO MUSICAL PARA EL ALMA

Por Balletoperafan

Colaboración dedicada a Raúl Villanueva

 

Este año celebramos el 450 aniversario del nacimiento del genio italiano Claudio Monteverdi (1567-1643) en Cremona, Italia.

Ya sean madrigales, óperas, misas, motetes o conciertos, toda su obra está impregnada de espiritualidad y elevada inventiva. Monteverdi posee un lenguaje muy particular, estilizado y de gran belleza, capaz de emocionar y tocar el alma con sutileza y sencillez.

Desde su adolescencia Claudio mostró su talento al componer dos libros de motetes y madrigales, demostrando también una admirable capacidad para el canto y la ejecución de la viola. Tales virtudes le abrieron la puerta en la próspera Corte de la familia Gonzaga en Mantua donde comenzó a colaborar en 1590.

En febrero de 1607 su favola in Musica L’ Orfeo fue una creación portentosa que inauguró el género operístico y ponderó las inquietudes de los intelectuales de la Camerata Florentina en su rescate de las formas y estilos de la Grecia antigua hacia finales del Renacimiento. ¡Y que belleza de música y carácter dramático!

Ya desde el prólogo el ingenio de Monteverdi llama nuestra atención, una alegoría, La Música,  se presenta ante el distinguido público para presentar la fábula de Orfeo, su don para dominar la naturaleza al tocar la lira y su descenso al imperio de Hades para recuperar a su amada Eurídice. Luego la sucesión de coros,  madrigales y danzas pastoriles ilustran los bosques de Tracia, los rayos de sol y brisa vespertina, la ninfa Silvia oscurece con su canto y malas nuevas la radiante escena al anunciar la muerte de Eurídice y la música se vuelve fúnebre. En las escenas que acontecen en el inframundo la instrumentación  dibuja la estética imaginaria de la Laguna Estigia, el infierno y las almas perdidas. Otra alegoría, La Esperanza, guía a Orfeo hasta los dominios de Caronte para luego desvanecerse, Plutón y Proserpina (Hades y Perséfone) permiten al gentil cantor que rescate a su esposa con la condición de no mirarla hasta regresar a la superficie, Orfeo pierde a su amada por segunda vez y es obligado a abandonar el imperio subterráneo. Un ritornello (cual leimotiv de las escenas pastoriles) abre el acto final en que el canto de Orfeo se transforma en lamento, sólo el eco acompaña el triste caminar el héroe derrotado. Apolo desciende del Olimpo  para ofrecer a su hijo la inmortalidad, aunque como hombre deberá afrontar su destino. La ópera termina con un coro pastoril despidiendo al cantor tracio para dar paso a unas danzas moriscas.

En febrero de 2007 L’Orfeo de Monteverdi se estrenó en México en el escenario del Teatro Degollado bajo la excelente dirección de Horacio Franco quien aceptó dirigir la ópera musicalmente y tocar la flauta en diversos pasajes indispensables. La escena corrió a cargo de Mario Montenegro, las danzas fueron coreografeadas por Guillermo Hernández y los papeles principales interpretados por Dante Alcalá, Guadalupe Paz, Nadia Ortega, Charles Oppenheim, Mireya Ruvalcaba y Florencia Tinoco. Desafortunadamente ese montaje no volvió a repetirse. Ese mismo año el Festival Cervantino ofreció una función de esta ópera en versión parcialmente escenificada, dirigida musicalmente por Philipp Picket mientras que la Opera de Bellas Artes optó por la versión de Ottorino Respighi que dirigió el maestro Guido Maria Guida. En abril de este año este extraordinario director dirigió la versión que Bruno Maderna estrenó en 1967 en honor a Monteverdi.

Resulta desconcertante que a pesar del aniversario del compositor, las autoridades jaliscienses no hayan repuesto el título, en nuestra opinión mucho más interesante y oportuno que cualquier otro montaje operístico.

En 2010 la fascinante obra monteverdiana Vespro della Beata Vergine fue representada en un montaje integral que incluyó a la orquesta, coros, solistas y cuerpo de danza neoclásica en la Plaza de la Liberación y el Teatro Degollado dentro de los festejos por el 469 aniversario de la fundación de Guadalajara, inolvidable la presencia de la contralto Ana Caridad Acosta y las sopranos Gabriela Mirando y Elisa Avalos. La dirección escénica fue trazada por Rafael Félix mientras que la orquesta fue guiada por James Demster. Es esta obra un catálogo maravilloso en que Monteverdi exhibe diferentes estilos ya sea en el estilo de Palestrina (Prima Pratica) o en stilo rappresentativo y otras innovaciones que Claudio aportó especialmente a partir del Quinto Libro de Madrigales. Como ejemplo está el Coro Nissi Dominus en el estilo antiguo, mientras que el Dúo Seraphim o el Magnificat ilustran el dominio del texto sobre la música, sin ignorar las ornamentaciones o ciertas inflexiones para subrayar la profunda espiritualidad inmersa en las obras (en el Dúo las voces de los tres tenores se enlazan de gloriosa forma, y al final del Magnificat mientras el primer tenor declama el Gloria, un segundo tenor contesta a manera de eco y el coro femenino interpreta su texto en el estilo del cantus firmus logrando un efecto de polifonía celestial.

La Coronación de Poppea,  última ópera de Monteverdi, compuesta en 1642, un año antes de su muerte, es una obra maestra plena en teatralidad y fascinante música. Al inicio las alegorías de La Fortuna y La Virtud se disputan la primacía en el ser humano, sin embargo la alegoría del Amor las increpa segura de su triunfo al final de la contienda. Monteverdi concede a Nerón y Poppea varios duetos de gran belleza y erotismo, muy especialmente Signor, Oggi rinasco y el célebre Pur ti miro con que concluye la ópera. Hay pasajes cómicos así como escenas filosóficas, de traición, amor y muerte. Una ópera gloriosa que merece representarse en nuestro país. Sería un privilegio en honor al genio de Claudio Monteverdi pero también un elogio a la música misma.